lunes , 26 octubre 2020
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La construcción de la autoestima y autonomía en el niño (II parte)

EL VÍNCULO CON NUESTROS HIJOS:
AUTOESTIMA Y AUTONOMÍA
(Segunda parte)
La importancia de una buena comunicación con nuestros hijos en su desarrollo personal es algo que, como veremos, demuestran las investigaciones. La comunicación que establecemos con nuestros hijos tiene que ver con el tipo de vínculo que establecemos con ellos (ver anterior artículo). Ahora nos centraremos en algunas de las investigaciones más recientes sobre el desarrollo infantil y la neurobiología que inciden en la importancia de la relación con nuestros hijos que se fundamenta en una buena comunicación.

Los investigadores del desarrollo infantil nos dicen que los niños vienen al mundo dotados de capacidades de relación con los otros, no solo demandan de forma pasiva, nutrición y regulación de necesidades básicas. Desde el nacimiento los niños se interesan particularmente por los rostros humanos, las voces y los movimientos y responden a estos estímulos. Por ej. les atraen mucho los ojos y desarrollan habilidad para seguir la mirada del otro. Flavel cita investigaciones que demuestran la capacidad del niño para distinguir la voz materna de otra en base a experiencias antes del nacimiento.
Estos y otros muchos hallazgos de la investigación del desarrollo nos presentan un bebe “vuelto hacia el otro” de forma activa, que busca la comunicación y relación desde el primer momento. Por tanto la respuesta del cuidador (madre, padre, cuidador primario) es determinante y facilita o dificulta vías de desarrollo, de expresión del potencial genético del niño.

La investigación en neurobiología. A principios de los 90 G. Rizzolatti y su equipo descubrieron en un experimento con monos la existencia de las neuronas espejo. Para simplificar, si un mono veía a otro mono como cogía algo, se activaban en el primero las mismas zonas cerebrales que en el mono que realizaba la acción.
En la investigación con humanos también se ha descubierto que la visión de actos realizados por otros determina en el observador una inmediata implicación de las zonas motoras dedicadas a la organización y ejecución de esos actos. En cuanto a la intervención de las neuronas espejo en la comunicación de las emociones, Rizzolatti afirma: “nuestra posibilidad de captar las reacciones emotivas de los demás está relacionada con un determinado conjunto de zonas caracterizadas por propiedades espejo. La percepción del dolor o del asco ajenos activan en la corteza cerebral las mismas zonas que se ven involucradas cuando somos nosotros los que experimentamos dolor o asco”. Por tanto venimos al mundo con la capacidad de sentir lo que el otro siente por medio de las denominadas neuronas espejo. Aclarar que el descubrimiento de las neuronas espejo nos habla de nuestra capacidad automática e innata para sentir lo que siente el otro, a diferencia de la empatía en la que tenemos que hacer el esfuerzo de, intencionalmente, ponernos en el lugar del otro.

Por otra parte los neurobiólogos nos dicen que el hemisferio derecho (el hemisferio izquierdo, relacionado con el desarrollo del lenguaje, se desarrolla más tarde) es dominante durante los primeros tres años de vida, hemisferio que entre otras se le atribuyen las siguientes funciones:
– Percepción de las emociones.
– Dominante para aspectos no-verbales del lenguaje.
– Expresión facial de los estados afectivos, etc.
Por tanto en los primeros años de vida se desarrolla todo lo relacionado con la emocionalidad y las relaciones afectivas con los demás. De alguna manera sería lo que evolutivamente le interesa al niño para captar el afecto, interés y preocupación del adulto.
El abuso o abandono no solo expone al niño inmaduro a experiencias amenazantes, también le priva de experiencias vitales para facilitar y promover el crecimiento, esenciales para la maduración del hemisferio derecho.
Se ha demostrado que experiencias sociales adversas, durante periodos tempranos críticos, dan como resultado alteraciones permanentes en estructuras cerebrales implicadas en el estrés, la capacidad de regular las emociones, de entender las emociones de los demás, etc.
Investigaciones recientes de Karen Lyons Ruth y el Grupo de Boston han demostrado que los tipos de comportamiento maternal que contribuyen a la desorganización mental son:
– Comportamiento intrusivo negativo. La mofa o la burla hacia el niño.
– La confusión de roles. Es el niño el que pasa a ejercer las funciones parentales.
– Comunicaciones afectivas contradictorias. Por ej. hablarle cariñosamente al niño pero a la vez apartándonos de él sin permitirle el contacto.
– La desorientación de la figura parental. Cuando estamos confundidos o asustados con el niño.
– El retraimiento o distanciamiento. Aunque no sea un profundo distanciamiento, sino cosas como relacionarnos con el niño a distancia, o en silencio o andar alrededor del niño, en definitiva cuando no nos comunicamos con el niño bien porque no le entendemos o no nos interesa.

En resumen los campos de investigación abordados en este artículo nos hablan de la importancia para la génesis de la autoestima y el desarrollo de la autonomía del niño de:
– La sutileza del diálogo entre el bebe y sus cuidadores
– La armonía de la relación primera
– La disposición biológica del recién nacido hacia esa relación.
Por tanto el niño viene al mundo predispuesto para comunicarse con un otro, dotado biológicamente de esta capacidad, es por tanto que desde ese otro lado en el que estamos los cuidadores debemos de darnos cuenta de la necesidad de una buena comunicación con nuestros hijos. Esta buena comunicación ha de estar fundamentada en:
– La capacidad de ponerse en el lugar del otro.
– Sensibilidad a las señales y comunicaciones del niño y tendencia a ser rápidos y reconfortantes al responder al malestar.
– Sintonizar con las emociones de nuestros hijos. Esto requiere que descendamos a su nivel, manteniendo una postura abierta y receptiva. El niño se siente fortalecido porque percibe que sus ideas y emociones son valoradas.
– Cuando nuestros hijos experimentan sensaciones positivas, debemos compartir esos estados emocionales con ellos y reflejarlos de manera entusiasta tratando de amplificarlos.
– Cuando experimentan sensaciones negativas o incómodas debemos de tratar de empatizar con sus sentimientos y ofrecerles una presencia tranquilizadora que los reconforte.
– Esta vinculación entre la mente del cuidador y del niño hace que este tenga una sensación vital de comunicación, lo que le permite llevar a la otra persona consigo mismo aunque se encuentre físicamente lejos de ella. Esto es la base de la autonomía y de la autoestima.

Es en el contexto familiar donde tenemos nuestros primeros vínculos y por tanto aprendemos nuestros modelos de relación y comunicación con los demás. Esto me plantea alguno de los siguientes interrogantes como padre:
– Si como hemos visto diferentes campos de investigación están de acuerdo en la importancia de las relaciones primarias y en los criterios que esas relaciones deben cumplir para el desarrollo adecuado de nuestros hijos ¿no sería el trabajo con los padres un buen campo de prevención de todo tipo de problemáticas en los niños, que un día serán adultos?
– ¿Es necesario para los niños tanta formación académica, actividad extraescolar, etc o tal vez sea más importante que los padres pasemos más tiempo con nuestros hijos, o al menos que ese tiempo que pasamos con ellos sea un tiempo de calidad, de escucha empática, de puesta en su lugar, de entendimiento de sus necesidades, etc?.
– ¿No potenciará este tipo de aprendizaje emocional el aprendizaje académico haciéndoles más felices, autónomos y con sentimiento de valía y capacidad?
– En esta sociedad occidental en la que vivimos, relacionada con el tener (coches, títulos, dinero, poder…) ¿estamos haciendo algo para que nuestros hijos sean, más solidarios, tolerantes, comprometidos, compasivos… o simplemente vamos al ritmo que dicha sociedad nos marca?
– En esta cultura de las prisas, del sálvese quien pueda, de la pérdida de valores
(a mí que lo mío no me lo toquen) etc el intentar ser más sensibles y atentos a las necesidades de nuestros hijos ¿puede hacernos a nosotros mismos personas más sensibles y atentas a las necesidades de los demás?

José González Guerras

Sobre José G. Guerra

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