lunes , 18 noviembre 2019
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LA INFLUENCIA DEL CONTEXTO FAMILIAR EN LAS ADICCIONES

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Es en nuestros contextos sociales y familiares donde aprendemos nuestras formas de ser y comportarnos, nuestros patrones de comportamiento.

Es muy importante que los padres o cuidadores ante las necesidades reales y afectivas del niño sintonicen y respondan prontamente a estas. La capacidad de los padres de contener, cuidar y proteger al niño ante las angustias y vicisitudes que la vida les depara permiten que este se sienta acompañado, reconocido, validado y valorado y le ayudan a construirse como alguien capaz de afrontar sus sentimientos, afectos y vivencias, alguien que al sentirse reconocido y validado se sentirá valioso, con un yo fuerte, cohesionado e integrado.

Es de vital importancia el reconocimiento, la validación y la sintonización de los padres y/o cuidadores ya que desde ahí se construye una buena autoestima, una confianza en sí mismo y una valoración adecuada de sus capacidades. Es desde este reconocimiento y validación de su singularidad como persona, de su individualidad/diferenciación que el niño se irá construyendo como alguien diferente con su propia manera de sentir, pensar y actuar, capaz de aceptar y afrontar las situaciones de la vida sin la necesidad de recurrir a formas alternativas para poder sentirse bien con uno mismo, relajarse, activarse o empoderarse. No necesitará crear una máscara falsa o irreal para poder sobrevivir a las relaciones con los demás o consigo mismo.

Entre estas formas alternativas de afrontar la vida están:

  • Consumo de sustancias, alcohol, cocaína, heroína, etc.
  • Adicción al juego, ludopatías.
  • Adicción al móvil, internet, etc.
  • Adicción a comportamientos, al trabajo, al gimnasio, etc.
  • Las dependencias emocionales de otras personas…

Para finalizar quiero señalar los modos de vincularse con nuestros hijos que pueden generar patrones de relación que les lleven a las adicciones anteriormente mencionadas. Estos patrones de relación tienen en común la invalidación del niño, al no reconocer a este como un otro diferente de nosotros y por tanto le podemos utilizar como receptor de nuestros anhelos y deseos no conseguidos, creando la expectativa de cumplirlos a través de ellos (padres que les hubiera gustado ser o conseguir determinadas cosas y quieren conseguirla ahora a través de sus hijos). También cuando los padres y/o cuidadores no somos capaces de sentirnos bien con nosotros mismos, nos sentimos frustrados e incapaces de afrontar las dificultades del día a día podemos delegar nuestras funciones como padres en nuestros hijos, digamos invirtiendo los roles y por tanto cargándoles con responsabilidades que no le corresponde e invalidando a la vez su propia singularidad ya que no pueden ser ellos mismos al tener que responsabilizarse de cuestiones para las que no están preparados.

Los patrones de relación a los que me refiero son:

  • Patrones en los que domina la sobreprotección donde le hacemos todo a nuestros hijos, incluso antes de que deseen algo ya se lo damos. Este tipo de comportamiento les deja sin recursos ya que ante las dificultades procuramos evitárselas y por tanto no aprenderán a afrontarlas, porque no han aprendido cómo hacerlo
  • Patrones autoritarios. El hijo tiene que hacer lo que le decimos y como le decimos, de nuevo sus recursos quedan anulados no aprende por ensayo y error. Hay una forma adecuada de hacer las cosas y nada más, el niño tiene que sobreadaptarse a lo que le dicen invalidando su capacidad de pensar y hacer por sí mismo.
  • Patrones relacionales negligentes. No se tiene para nada en cuenta al niño, se le deja hacer sin ningún tipo de supervisión ni interés en lo que hace. En este tipo de forma de relacionarse el niño se siente solo ante las vicisitudes de la vida y, por tanto, las angustias pueden ser enormes al no tener una figura que le acompañe, le contenga y pueda sintonizar con sus necesidades. Se le deja solo ante situaciones que le van a desbordar por su todavía incapacidad, ya que no ha tenido modelos para aprender cómo resolver, o hacer o aceptar la situación.

Para concluir si el niño que requiere protección, cuidados y afecto es desatendido por los padres y/o cuidadores, o es utilizado por estos de manera abusiva para dar sentido a su vida, para contener sus angustias y estados afectivo emocionales se instaurará desde la primera infancia un patrón relacional abusivo, que se podrá manifestar en las futuras relaciones del niño de dos maneras:

  • De manera activa, abusando (drogas, objetos, comportamientos, etc.)
  • De manera pasiva siendo abusado como tapón o contenedor de los vacíos familiares, amistades, pareja, etc. Su vida tiene sentido solo y exclusivamente cuidando de los demás.

Estas conductas adictivas representan, en el fondo, una defensa contra intensos sentimientos de desvalimiento, de no ser capaz, de impotencia y de indefensión, de que haga lo que haga nada va a cambiar.

La mejor prevención para este tipo de comportamientos y de formas de relacionarse es fomentar la capacidad de los padres y/o cuidadores de contener, validar y reconocer a su hijo como un otro con sus propios deseos, anhelos, capacidades y angustias. Reconocer, validar y valora la singularidad e individualidad del niño, escucharle desde su lugar, intentar ver las cosas desde su punto de vista, aunque teniendo también en cuenta el nuestro.

“Se trata de verle como un otro, para que él se pueda ir viendo a sí mismo y a partir de ahí él también pueda ver al otro como alguien diferente a él”.

 

José González Guerras, psicólogo y psicoterapeuta experto en adicciones.

 

Sobre José G. Guerra

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