miércoles , 19 diciembre 2018
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SOBRE EL PROBLEMA DE LA INMEDIATEZ O LA NECESIDAD DE GRATIFICACIÓN INMEDIATA: “Su relación con la autodestrucción”

Como en anteriores ocasiones ya he apuntado en este blog: parece ser que vivimos en la sociedad de las prisas, del lo quiero y lo quiero ya, etc. lo cual influye en que de alguna manera no pensemos mucho en las consecuencias que a largo plazo nuestras conductas pueden tener, no tenemos más que volver la mirada hacia lo que estamos haciendo a nuestro planeta.

Este artículo pretende ser una reflexión acerca del por qué puede estar sucediendo que vivamos a nivel global en una sociedad cada vez más deshumanizada y menos consecuente con sus actuaciones. Vaya por delante mi confianza en el ciudadano de a pie, que colabora con ONG, que sale al paso de una manera o de otra ante las grandes catástrofes, que es solidario con el pobre dándole un euro en el metro, etc. Ahora bien, soy enormemente pesimista ante nuestro futuro debido a que, por más que el ciudadano de a pie es consciente de todo el daño que estamos haciendo al planeta o a nosotros mismos, los grandes poderes ya sean gubernamentales, las grandes multinacionales, las mass- media, en definitiva aquellos que manejan el dinero y tienen  el poder no están por la labor de la concienciación, se niegan (la negación de la realidad es un mecanismo que interviene en la esquizofrenia) a ver las consecuencias que las actuaciones de hoy tienen sobre el mañana para así poder seguir explotando los recursos de este planeta para su propio bienestar sin tener en cuenta ningún límite al respecto. En definitiva no ven más allá de sus propias narices, buscando el enriquecimiento a toda costa sin pensar en las consecuencias de sus actos, algo que de no remediarlo de alguna manera acabará con la vida en la tierra tal y como hoy la conocemos y con la de estas persona, aunque ellos crean que esto es imposible.

Los estudios de neurociencia ya nos alertan de que se pueden inhibir o potenciar ciertos sistemas cerebrales por medio de las drogas, videojuegos y sobre todo de aquello que uno vive en su contexto, en su sociedad o cultura. Por ej. la corteza prefrontal (CPF) que tiene que ver con la planificación, la síntesis, la inhibición conductual, por tanto con el pensar antes de actuar, etc. puede ser inhibida en los contextos antes apuntados  en beneficio de estructuras más asociadas a lo emocional, como la amígdala, o a las tendencias impulsivas, como el cuerpo estriado. Lo que primará entonces será la gratificación inmediata, la no tolerancia a la frustración (y por tanto no tolerar un no por respuesta, una cierta dificultad en aceptar la realidad), el lo quiero y lo quiero ya acosta de lo que sea y de quien sea.

Como he dicho antes confío en el ciudadano normal, a pesar de las dificultades que la sociedad actual nos plantea con las trampas del consumismo, de las prisas, del estrés, del sálvese quien pueda, en definitiva de esta sociedad y cultura narcisista en la que importa el tener y no el ser, en esta cultura en la que valores como el esfuerzo, la solidaridad, el tener en cuenta al otro y darse a ese otro tienen cada vez menos valor.

También como he dicho antes al ciudadano de a pie se nos hace muy difícil salir de este contexto en el que nos encontramos inmersos desde que nacemos. La neurociencia nos dice que nuestro contexto es muy relevante para el desarrollo de nuestras estructuras cerebrales. Si lo que se produce es un bombardeo de información que lo que pretende y a lo que invita es a consumir, a tener, a comprar, etc. haciendo que estos sean los valores por los que nos hemos de regir, será muy difícil que viviendo esto desde nuestra más tierna infancia podamos pensar o creer que hay otros caminos, otras maneras de ser y estar. Nuestras estructuras cerebrales no son ajenas a este caldo de cultivo y se desarrollarán más aquellas estructuras que están relacionadas con la inmediatez, con la no tolerancia a la frustración, con la no demora de la gratificación, etc. en detrimento del desarrollo de nuestra corteza prefrontal que como ya vimos antes tiene que ver con la planificación, la síntesis, la capacidad para reflexionar y ser más conscientes de lo que hacemos y sentimos.

La cuestión es que aquellos que tienen el poder (debido al dominio de los aspectos sociales y culturales que estos grupos de poder hoy día tienen) encontrarán más facilidad para vender sus productos e ideas a una masa de gente que de alguna manera está perdiendo su capacidad de decidir que es realmente lo que es necesario para su vida llegando a hacer de esta un lugar en el que lo importante y el motivo por el que se vive es para “tener” cosas y/o personas.

Como digo en mi artículo sobre la función reflexiva en esta sociedad en la que nos medimos por el dinero o lo rico o famoso que somos y que el más inteligente es el que más y mejor se aprovecha de los demás, podemos llegar a ser alienadas, robotizados, uniformados a favor de las necesidades de aquellos que mueven el hilo del nuevo Dios, “El Dinero”, pero a mi modo de ver esta manera de actuar es heredera del narcisismo, de esa fase del desarrollo evolutivo en la que no se ha producido la diferenciación de los otros, por tanto los otros no existen, solo existen en tanto en cuanto me puedan proporcionar aquello que yo necesito o deseo. A través de los medios de influencia de masas (Tv, la publicidad…) y de los imperativos que los sistemas gubernamentales y grandes multinacionales marcan es que nuestra mente puede ser moldeada para que sigamos encajando en un sistema que no interesa más que a unos pocos privilegiados (de la esclavitud de la riqueza). Utilizarán todos los medios que tengan a su alcance para que estos productos que ellos ofrecen sean objeto de nuestro culto y a través del manejo de los medios de comunicación estemos de alguna manera uniformados mentalmente para perseguir aquello que según lo tocamos ya se desvanece por lo vacio e insulso que es.

Nos gritan es necesario consumir para salir de la crisis, nos muestran modelos de coches, así como de hombres y mujeres para que anhelemos tenerlos, tener sus cuerpos esculturales, tener su popularidad, tener su riqueza y en este camino nos olvidamos del ser, de nuestra subjetividad, de la necesidad del otro, de lo humano. Tal vez debamos tomar cierta distancia para poder ver las cosas en perspectiva y poder reflexionar sobre qué es lo que queremos para nosotros, para nuestro mundo y para nuestras generaciones futuras. Hemos de tomar conciencia y reflexionar si realmente eso es lo que queremos o en realidad nos estamos dejando arrastrar por aquello que otros quieren para nosotros y que están dispuestos a conseguirlo a costa de lo que sea: de nuestro planeta (que hacen las grandes multinacionales con nuestros bosques, selvas, etc.), de nuestra salud (véanse debates sobre las multinacionales farmacéuticas) de nuestra subjetividad a favor del encorsamiento y robotización.

Mi reflexión tiene que ver con mi confianza en el ser humano, en su capacidad para tener esperanza y trabajar por un mundo mejor, más humano. Así como confío en esa persona que anda mal para llegar a fin de mes pero le da un euro a un recién parado que ha tenido que comenzar a pedir en el metro, no tengo confianza ninguna en aquellos que en realidad están dominando este mundo y lo están dirigiendo hacia donde todos sabemos.

No chico dilema: la gente buena que está en conexión con el otro y con la naturaleza, que ama al otro y a la naturaleza precisamente es la que menos poder tiene para influir en ella y sin embargo aquellos que tienen el poder y el dinero, que solo se aman a sí mismos y que solo buscan su gratificación inmediata a través de la consecución de su metas y objetivos son los que realmente tienen el mundo en sus manos a pesar de todos los movimientos y manifestaciones en contra de sus irresponsables actuaciones que de no parar acabarán con la vida en este planeta. Esto puede parecer trágico y exagerado pero si no se da un giro a este rumbo más tarde, o más temprano lo apuntado sucederá.

¿Qué podemos hacer ante este dilema? Hasta ahora (debemos entonar el mea culpa) hemos caído en sus propias redes, nos hemos creído que todo eso que nos anuncian nos da la riqueza, el bienestar y la felicidad y en la búsqueda de todo esto hemos entrado en su juego de destrucción del planeta y de lo humano sin darnos cuenta, sin pararnos a pensar, reflexionar, sentir…

Y eso es precisamente lo que este breve artículo pretende; que nos paremos a reflexionar, a sentir, a tomar conciencia de hacia dónde vamos y si queremos o no ir…y tomemos la decisión que tomemos la diferencia estará en que no seremos marionetas de estos poderes antes apuntados. No seremos esclavos de la necesidad de gratificación inmediata, y por tanto de la búsqueda compulsiva de un nuevo móvil, ordenador, videojuego, televisor, coche, etc. que el mercado nos presenta como la panacea a nuestros problemas y dificultades. La tarea no es fácil pues los sistemas no dejan resquicios a lo que no encaja en ellos, sencillamente lo sancionan o eliminan, pero no podrán hacer que dejemos de pensar y sentir y si así lo decidimos dejar de jugar al juego del consumismo y del tener, lo cual por otra parte es dejarles sin el alimento que ellos buscan para poder enriquecerse a costa nuestra y del planeta. De alguna manera cortaríamos el hilo umbilical que les alimenta, nuestro dinero con el cual ellos se limitan a explotarnos y explotar el planeta, nos hacen pobres dejándonos sin vivienda y luego nos dicen que no podemos vagabundear en la calle y en un consumado acto de bondad nos envían a un albergue público. Oh mentes brillantes que extraen toda la riqueza (oro, madera, etc.) de aquellos países o lugares que tienen su propia cultura para embrutecerlos con la nuestra en un sublime acto de humanidad en el que se les incorpora a las inexorables reglas de nuestra cultura, si, si la del consumismo. Negocio redondo se les quitan sus riquezas y se les deja enganchados para siempre a la cultura de lo superfluo para que sigan gastando lo poco que les dejaron.

No permitamos que no se desarrollen nuestras estructuras cerebrales relacionadas con la reflexión, la capacidad de planificar, la capacidad de pensar y sentir sobre nuestros estados emocionales y los de los otros. No permitamos que ese modelo que nos ofrecen sea incorporado por nosotros y nuestros hijos, no nos quedemos en esa etapa del desarrollo evolutivo en la que el otro solo exista en tanto en cuanto lo podamos utilizar para nuestros intereses.

Venimos a este mundo capacitados para empatizar con los demás, tenemos un sistema de neuronas (neuronas espejo) capacitado para sentir lo que la otra persona siente, nuestras estructuras cerebrales están capacitadas para la solidaridad, la tolerancia, la templanza, el respeto al otro, la confianza y la ayuda a los demás, etc. Fomentemos y potenciemos todo esto en nuestra sociedad y cultura lo cual será el nuevo caldo de cultivo para las generaciones venideras y por tanto cada vez nos alejaremos más de la actual sociedad narcisista en la que prima todo lo anteriormente apuntado y que nos deshumaniza llevándonos a una segura destrucción, empezando por nuestra destrucción como seres humanos.

Como vemos no será chica la recompensa, aunque la gratificación no sea inmediata y tengamos que esforzarnos y ser perseverantes en su consecución, nuestro cerebro cambiará en una dirección de vida y no de muerte como todos los indicios apuntan de seguir así.

Sobre José G. Guerra

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