CRECER A PESAR DEL CORONAVIRUS:

“EN UNA CULTURA QUE HUYE DE LAS EMOCIONES”

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES

SENTIR LO QUE SUCEDE

QUE NOS PUEDE AYUDAR

COMO ENCONTRAR PROFESIONALES CUALIFICADOS

Introducción

En la cultura de la irrefrenable productividad que nos ha llevado al consumismo desenfrenado, a la adicción a la inmediatez, al lo quiero y lo quiero ya, al actuar sin pensar ni sentir… de repente se paró todo; el tiempo que no teníamos y que todos reclamábamos lo tenemos a raudales, ¡¡uff!! ¿qué hacer con este tiempo??? Respondemos a la nueva situación con nuestros viejos esquemas: “me levanto, desayuno, me aseo, hago una hora de ejercicio, teletrabajo, yoga, leo, veo una película, serie, etc.”. No es fácil desprendernos de nuestros antiguos esquemas de la noche a la mañana. Para no pensar, sentir, tomar conciencia de lo que pasa y nos pasa no paramos de hacer. Tal vez la adaptación a este nuevo periodo nos exija un cambio de esquemas mentales y tal vez este cambio nos puede abrir a nuevas alternativas de relación con nosotros mismos, con los demás y con el planeta.

Pero miremos un momento a las circunstancias actuales. Todos los estudios demuestran que tener una buena red de apoyo constituye la protección más poderosa contra quedar traumatizado por circunstancias que nos pueden desbordar y que puede que no seamos capaces de integrar. Tras un trauma agudo, como un asalto, un accidente o un desastre natural, los supervivientes necesitan la presencia de personas, rostros y voces familiares. Es crítico comunicarse con las personas queridas cercanas y lejanas, nuestros vínculos de apego son nuestra mayor protección contra la amenaza. Dicen Bateman y Fonagy (2016) “La presencia de una persona de confianza es el medio más eficaz (y neurológicamente eficiente) para hacer frente a la angustia y la ansiedad. En la actual situación que vivimos, dura, difícil y compleja es común y normal que nos sintamos amenazados (el virus es real y provoca enfermedad e incluso la muerte) inseguros y vulnerables lo que a su vez nos está generando diferentes estados emocionales negativos.

En este artículo pretendo trabajar con vosotros, lectores, el acercamiento a esta dura, difícil y compleja situación que estamos viviendo con el ánimo de ayudar a un mejor afrontamiento de esta. Ser capaces de “estar y ser” en situaciones como la que el coronavirus nos presenta nadie dijo que fuera fácil, pero nos ayudará a mejorar nuestra capacidad de resiliencia y como esta indica a que podamos salir fortalecidos de esta situación de crisis, que lo es a diferentes niveles, de salud, económico y social.

Para finalizar ofrezco una breve reflexión a la hora de elegir un buen profesional si se necesita, ya que en estos momentos de inseguridad, incertidumbre y vulnerabilidad suelen aparecer muchos nuevos gurús y mesías que aprovechando la coyuntura prometen curas y sanaciones simples y milagrosas tanto a nivel físico como mental. Esta es una característica común a todos estos nuevos gurús y mesías, ofrecer soluciones simples a situaciones complejas sin tener en cuenta la individualidad y singularidad de las personas. Te ofrecen su solución, la misma para todo el mundo, tu singularidad/subjetividad no cuenta.

El ser humano es un ser biopsicosocial y por lo tanto en la conformación de su singularidad/subjetividad y la explicación de su conducta y comportamiento confluyen interaccionando, interrelacionándose sus contextos biológicos, psicológicos y sociales…algo que es todo menos simple.

Las circunstancias actuales

A la hora de determinar si una experiencia horrible dejará o no cicatrices duraderas creer en nuestra capacidad de hacer algo para protegernos es un factor crítico. En estos momentos del CORONAVIRUS saber que, quedándonos en casa, adoptando la distancia social y las medidas higiénicas que tengamos a nuestro alcance estamos haciendo algo para protegernos y proteger a los demás nos ayuda a afrontar con éxito esta pandemia. Estamos haciendo algo tanto para protegernos del virus como de los riesgos que para la salud mental estas circunstancias pueden tener y este algo que estamos haciendo no solo nos protege a nosotros, sino también a los demás. Como veremos, aún podemos hacer más cosas que nos hagan sentir que somos capaces de influir en nuestra situación y sobre todo en como la vivimos. Sentir esta capacidad de agencia (de que podemos influir en…) es muy importante.

Estudios basados en las neuroimágenes de personas en estados muy emocionales revelan que el miedo, la tristeza y la ira intensos aumentan la activación de las regiones subcorticales, como la amígdala, involucradas en las emociones y reducen la actividad en varias áreas del lóbulo frontal, especialmente de la corteza prefrontal medial, relacionadas con la razón, la reflexión, la planificación, etc.

Estamos viviendo unas circunstancias que nos generan miedo (el virus es una amenaza real) inseguridades e incertidumbre, tanto para nuestra salud, como para nuestra economía, en lo social, en nuestro trabajo y en nuestro futuro. Esto nos hace sentir frágiles y vulnerables, sin mucho control sobre lo que sucede, lo cual dificulta la auto-regulación de las emociones que esta situación de confinamiento nos produce. Emociones como la culpa, la rabia, la tristeza, la impotencia, indefensión, desesperanza, etc. por la situación actual que estamos viviendo nos invaden y contribuyen a nuestra desregulación emocional. Al mismo tiempo nuestras relaciones interpersonales se han visto limitadas por la misma situación de confinamiento lo que contribuye a nuestro aislamiento y a dificultar nuestra capacidad de apoyo y compartición de las experiencias que estamos viviendo, lo que incrementa aún más nuestra sensación de descontrol y pérdida, ya que la manera más natural que tenemos los humanos de calmar nuestro malestar es siendo tocados, abrazados y mecidos, a excepción de aquellas personas que huyen del contacto debido a relaciones conflictivas y/o deficitarias en cuanto al afecto, el reconocimiento y la validación.

Esta situación tristemente novedosa que estamos viviendo, a la que nunca antes nos habíamos enfrentado, es una situación que nos puede llegar a desbordar ya que nuestras maneras habituales de vivir se han visto modificadas dificultando también la utilización de nuestros modos de afrontamiento habituales (estar con amigos, trabajar, pasear, etc.) Nuestro contexto, nuestra red social se ha visto limitada en las formas de contención, apoyo y acompañamiento habituales; la manera en la que muchas personas solían tramitar sus estados emocionales y el tiempo libre también se ha visto alterada, debido a diferentes circunstancias como las que hemos visto y a otras más como por ejemplo el cierre de los bares, de los eventos culturales, deportivos, etc.

Todas estas dificultades para tramitar estos momentos, de duelo por nuestros seres queridos, por una vida que ha cambiado en muchos aspectos y que muy probablemente no volverá a ser como era, por una incertidumbre ante el futuro, etc., limitan aún más nuestras posibilidades de regulación emocional todo lo cual va a incidir y está incidiendo en la aparición de dificultades y problemáticas a nivel mental, ansiedad, depresión, estrés postraumático, etc.

Los estudios neurobiológicos y psicológicos nos permiten comprender mejor como estos momentos de desregulación emocional, de sentirnos vulnerables pueden cambiar el desarrollo cerebral, la autorregulación y la capacidad de mantenernos centrados y sincronizados con lo que sucede, con los demás y como todo esto nos puede afectar.

Sentir lo que sucede

Cuando las experiencias son abrumadoras lidiamos con ellas de tres maneras diferentes: con la disociación, distanciándonos, desconectándonos de la realidad; con la despersonalización, sentir que lo que sucede no nos está pasando a nosotros y con la desrealización, sentir que pase lo que pase no es real. Cuando, por la dificultad o complejidad de la situación, no somos capaces de conectar con nuestras vivencias y con los estados emocionales que estas generan se produce una desconexión con nuestro Yo, con nuestra identidad y podemos quedar, por tanto, a merced de los sentimientos viscerales y de las emociones que acompañan el terror, el sentimiento de amenaza, desregulándonos y aumentando nuestra vulnerabilidad y fragilidad. Como ha demostrado el neurocientífico Jean Decety de la Universidad de Chicago, la desensibilización hacia nuestro dolor, o el dolor de los demás suele dar como resultado la debilitación global de nuestra sensibilidad emocional.

“Saber que sentimos es el primer paso para saber por qué nos sentimos así”. Sería bueno que pudiéramos reconocer y validar los estados emocionales que las actuales circunstancias están generando, ya que negarlos, evadirlos con drogas de todo tipo, actividad desenfrenada, no querer pensar en ellos, etc. nos lleva a una mayor desregulación emocional y por tanto a desconectar con lo que sentimos y por qué lo sentimos. Cuanto más desconectamos de nuestras sensaciones y estados emocionales menos autopercepción y autoconciencia tenemos de nosotros mismos. El sefl agente capaz de autorregularse empieza por la interocepción (sentir lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo) a la cual contribuye la normalización del tiempo y el espacio, por ejemplo, no desregulándonos mucho en nuestros horarios y actividades habituales.

La investigación neurocientífica ha demostrado que la única forma de cambiar como nos sentimos es siendo consciente de nuestra experiencia interior y aprendiendo a ser amigos de lo que sucede en nuestro interior. Hay alternativas muy sencillas que nos pueden ayudar a conectar con nuestras sensaciones y emociones, a sentir lo que sucede, a estar presentes en el “aquí y ahora”. Tenemos la meditación atenta (respirar centrándonos en nuestra respiración), la relajación, la realización de actividades como pintar, lavar los platos, cocinar, pasear, etc., que nos ayudan a estar en el momento presente, pero realizándolos desde la conexión, sintiéndonos y sintiéndolas, eso que decía el anuncio: “si caminas, camina; si duermes, duerme; si conduces conduce…” Por tanto, ser conscientes de lo que hacemos, sentimos y pensamos pasa por ser conscientes de nuestras sensaciones corporales.

Dice Antonio Damasio, eminente neurocientífico: “El núcleo de nuestra autoconciencia reside en las sensaciones físicas que transmiten los estados del cuerpo”. Henry Kristal, superviviente del Holocausto y estudioso de este lamentable momento de la Historia de la Humanidad descubrió que los supervivientes aprendieron a silenciar sus emociones para no sentir el dolor y el sufrimiento, pero el resultado fue que a partir de entonces ya no eran capaces de reconocer lo que sentían.

Por tanto, en momentos y circunstancias de la vida en que el dolor y el sufrimiento están muy presentes es normal que nos defendamos de este dolor y sufrimiento no queriendo pensar, ni sentir, anestesiándonos, evadiéndonos, negando lo que sucede, a lo cual como hemos visto antes contribuye nuestra biología activando las regiones relacionadas con lo emocional e inhibiendo las regiones relacionadas con la razón, el pensamiento, la planificación, etc. Hemos de tener en cuenta que es una defensa natural que nos permite tomar distancia del dolor y el sufrimiento, por tanto, hemos de aceptar y reconocer esta manera de reaccionar ante el impacto del confinamiento por coronavirus y todo lo que está conllevando, cada uno desde sus circunstancias particulares más o menos traumáticas.

Reconocer y aceptar este tipo de maneras de defendernos nos conecta con nosotros y con un cierto sentimiento de control, de agencia, de que somos nosotros quién estamos decidiendo hacer lo que hacemos y por tanto puede contribuir a mitigar nuestro desbordamiento y desregulación emocional. Somos conscientes de que en tal o cual situación complicada hacemos tal o cual cosa para mitigarla, y por tanto no somos rehenes de reacciones automáticas como pueden ser las ya apuntadas, actividad desenfrenada, gestión de la situación por medio de drogas, estar todo el día en el ordenador, en la cama, etc.

Claro que no es nada fácil ante situaciones tan difíciles como la actual mantener nuestra conexión con nuestras maneras de defendernos para tramitar estos momentos, pero como he dicho antes conectar con nuestro malestar y emociones negativas nos conecta con nosotros mismos y nos ayuda a conectar y poder entender mejor a los demás, así como a tener un sentimiento de realidad y de vitalidad. Sentimiento que, cuando se dé el caso, nos permitirá ser capaces de sentir las emociones positivas y placenteras. Hemos de tener en cuenta que cuando desconectamos de nuestras sensaciones y emociones negativas también adormecemos nuestra capacidad de sentirnos vivos y de conectar con nuestros estados emocionales positivos. La conexión con nuestros estados emocionales nos hace sentir más capaces, más fuertes, más conectados con nosotros mismos, por tanto, más reales, con un mejor control y con una mayor capacidad para afrontar las situaciones, al sentirnos menos vulnerables y desbordados por los acontecimientos.

Reconocer los estados emocionales negativos y nuestras defensas ante el dolor y el sufrimiento nos va haciendo cada vez más capaces de tolerar la frustración (no poder salir de casa, ir al cine, a charlar con los amigos) y la incertidumbre ante nuestra salud, trabajo, economía, etc. Es posible que de momento no cambien las circunstancias, pero si nuestra manera de vivirlas, pudiendo afrontarlas de una manera más sana, que nos protegerá ante las dificultades y problemáticas que de otra manera esta situación provocaría en nosotros.

Esta conexión con nuestros estados emocionales negativos nos conecta con nosotros mismos, nos hace reales, nos vitaliza y empodera, aumentando nuestra ventana de tolerancia ante los eventos traumáticos y/o dolorosos, generadores de sufrimiento fortaleciendo nuestra capacidad de resiliencia, que es la capacidad de resistencia ante las adversidades, saliendo fortalecido de ellas.

Una de las dificultades que esta novedosa y compleja situación nos ha generado es el no poder compartir presencialmente nuestras vivencias, sean estas negativas o positivas, contribuyendo esto aún más a nuestro aislamiento. Los beneficios del apoyo social y de los vínculos afectivos quedan en entredicho debido al confinamiento y la distancia social y para salvar esta barrera es bueno que podamos utilizar todos los medios que tengamos a nuestro alcance para comunicarnos y relacionarnos con los otros. Somos seres sociales y tal vez, esto, es algo que hoy en día se está poniendo más en evidencia. Nuestra necesidad de los otros consciente o inconscientemente para tramitar nuestras vivencias sean estas más instrumentales y/o emocionales-afectivas. Nuestra red de apoyo, cuando sabe escuchar, ponerse en el lugar del otro, reconocernos y validarnos es imprescindible y una ayuda inestimable. Pero también nuestra red de apoyo está viviendo este momento tan complicado, lo que puede mermar su capacidad empática y de conexión. Las dificultades del momento, por tanto, pueden dificultar la interrelación de unos con otros, el apoyo emocional que nos podemos prestar, la necesidad de conexión que tenemos con los demás. Aunque las limitaciones de contacto están presentes y nos genere un cierto malestar no poder abrazar y/o sentir la presencia real del otro, las nuevas tecnologías y la capacidad que tenemos los seres humanos de imaginar nos pueden ayudar a hacer más livianos estos inconvenientes, aunque nada pueda sustituir los encuentros cara a cara.

Si nuestra red de apoyo nos falla o sentimos que no es suficiente es importante que busquemos ayuda profesional pues las complicaciones que un momento como el que estamos viviendo conlleva pueden ser muy importantes. Si nos sentimos especialmente vulnerables, desregulados emocionalmente, impotentes, incapaces y desesperanzados no dudemos en buscar ayuda.

Dice Bessel Van Der Kolk: “Si nos sentimos contenidos de un modo seguro en el corazón y la mente de las personas que nos quieren, subiremos montañas, cruzaremos desiertos y permaneceremos despiertos toda la noche para terminar proyectos”. Los niños y los adultos hacemos cualquier cosa por las personas en las que confiamos y cuya opinión valoramos, pero si nos sentimos abandonados, inútiles o invisibles, nada parece importarnos. El miedo destruye la curiosidad y la alegría.

Que nos puede ayudar

Es muy importante que, desde el reconocimiento y validación de nuestra manera de afrontar este momento, con las sensaciones, vivencias y estados emocionales que en cada uno de nosotros genera, seamos capaces de permitirnos sentirlos y tolerarlos.

Así, es perfectamente normal que nuestros niveles de ansiedad puedan haber aumentado en determinados momentos, traduciéndose en una mayor activación fisiológica (tensión muscular, molestias estomacales, dolor de cabeza, dificultades en el sueño, etc.), cognitiva (aumento de la preocupación y de la rumiación, dificultad para concentrarse…) y conductual (inquietud motora, llanto, dificultad para iniciar una actividad, etc.). Es fundamental que sepamos que lo que estamos experimentando en relación a la enfermedad y sus consecuencias en nuestra vida es el resultado de intentar salir adelante de la mejor forma posible en una situación en la que, por desgracia, se nos escapa el control de muchas variables, entre ellas el que nuestros anteriores esquemas o patrones mentales, en buena medida ya no son posibles para el contexto actual de confinamiento y distancia social. Una de las situaciones en la que nuestros patrones mentales se han visto sacudidos es en el duelo, ya que en las actuales circunstancias no podemos acompañar a nuestros seres queridos en su último momento y nuestra red de apoyo tampoco nos puede acompañar a nosotros de la misma manera que antes, en un momento tan doloroso y especial.

Te puede ayudar a gestionar las dificultades de las circunstancias actuales:

  • Respetar reconocer y validar tus emociones ya que son adaptativas y te ayudan a afrontar la situación. Evitar sentir suele llevar a una mayor activación fisiológica e intensidad emocional. “Permítete sentir”
  • Expresar y compartir tus emociones. Tomate tú tiempo, si te cuesta hablar con alguien de confianza, puedes probar a expresarte por escrito para ti mismo o dirigiéndote a otro que quieras dirigirte, puedes utilizar otros canales como la música, la pintura, etc.
  • No suprimir tus pensamientos. Es normal tener pensamientos que nos pueden provocar emociones dolorosas e intensas, pero es preferible dejarlos estar, aceptando que son pensamientos que seguiremos teniendo y que iremos tolerando mejor. También compartirlos nos ayuda a integrarlos y a conectar con los demás.
  • Reflexionar. Tenemos mucho tiempo, para pensar, sentir, hacer e incluso para aburrirnos. A pesar de todas las consecuencias negativas que este momento ha traído y que algunas ya han sido apuntadas, también puede ser un momento propicio para la reflexión, para pensar sobre lo que sentimos y sentir sobre lo que pensamos; para pensar sobre nosotros, los demás, de dónde venimos, hacia donde queremos ir, etc. Utiliza las actuales circunstancias para no ser rehén del actuar sin pensar y del vivir sin sentir.
  • Fortalecer los vínculos afectivos y comunitarios. Hoy día hacemos menos cosas juntos que cualquiera de las anteriores generaciones. Nuestras estructuras de acogida (la familia, la pareja, el vecindario, etc.) no garantizan el cuidado de unos a otros. Igual que la abeja sufre el mayor de los colapsos si pierde su colmena, un humano sufre el mayor de los colapsos si pierde la conexión con el grupo.
  • Recurrir al apoyo social si lo necesitas. A pesar de no poder tener un contacto presencial si tenemos otras alternativas para comunicarnos con los demás y transmitirles como estamos y nos sentimos y poder saber cómo ellos están y se sienten. Pasar del individualismo al cooperativismo, a la solidaridad.
  • Permitirte tus emociones positivas. Estas se pueden generar por medio del ejercicio, nuestra música favorita, cantar, bailar, danzar, mover el cuerpo acorde a nuestras emociones. También puedes pintar, dibujar, cocinar, jugar, etc. ¡Elige aquellas actividades que más satisfacción te generen, ah!!! y no te olvides de la risa, el sentido del humor, ya que la risa mata el miedo.

Por tanto, conecta con tus emociones, te conectará contigo mismo, te ayudará a conectar con los demás, con la naturaleza, etc. y te permitirá sentir tu singularidad e individualidad (que no individualismo) en un mundo habitado por otros con los que relacionarse y solidarizarse para conseguir un futuro esperanzador.

Busca profesionales cualificados.

Si consideras que necesitas ayuda simplemente quiero hacerte una advertencia, cuidado con aquellos que venden soluciones mágicas y sencillas ante dificultades y problemas que son complejos. Tristemente en estos momentos de inseguridades, dudas, dolor y sufrimiento siempre aparecen desalmados ofreciendo sus soluciones mesiánicas o de cualquier tipo, como medicamentos que lo curan todo, ideologías simples que cambiarán y mejorarán el mundo, nuevas religiones o enseñanzas poseedoras de la “Verdad suprema” y que son la única manera de salvar a la humanidad, etc. Ante momentos de desasosiego, vulnerabilidad, incertidumbre y fragilidad las soluciones mágicas y simples ante situaciones complejas suelen ser bienvenidas pues nos dan una momentánea certidumbre (el ser humano tiene necesidad de certezas para adaptarse y “sobrevivir”) agarrándonos a ellas como a flotadores salvavidas, pero como estos, pueden servirnos para capear el temporal, pero nadar con ellos en los procelosos caminos de la vida nos limita y no nos permite ver otras perspectivas que se fundamenten menos en nuestra fragilidad y vulnerabilidad, sino mucho más en nuestra apertura y capacidad resiliente.

Hay una manera de desenmascarar a todos estos gurús, psicópatas y desalmados y es la siguiente: “Ellos dicen saber lo que tú necesitas, lo que tú tienes que hacer y por tanto necesitan que tu creas en ellos y les sigas en sus creencias y/o ideología, no van a reconocerte, validarte y acompañarte en la búsqueda de tus propios recursos para poder sentirte mejor contigo mismo y en las relaciones con los demás y con el mundo”.

No lo olvides ellos dicen saber, sin conocerte, más de ti y de lo que tú necesitas que tú mismo y por muy confundido y desbordado que tú te encuentres, de lo que se trata es que puedas ir encontrándote a ti mismo a tú verdadero ser, sintiendo vivo, con vitalidad y con ganas de vivir aún en circunstancias adversas.

Un buen profesional es aquel que te valida, reconoce y ayuda en la búsqueda y encuentro de tus propios recursos, de tú verdadero yo, muchas veces tapado por un contexto social y/o familiar que puede no haberte permitido encontrar tu verdadero ser, tú autenticidad y vitalidad. Ten en cuenta que, aunque en estos momentos tengamos dificultad para poder hacer terapia cara a cara hay otras alternativas como la terapia online, el teléfono, etc., siempre mejor que dejar que las problemáticas y dificultades se enquisten y nos invadan sin buscar ayuda.

 

 

José González Guerras, Psicólogo sanitario

y Psicoterapeuta Relacional

 

 

Seguramente, en algún momento dado todos nos hemos sentido solos. Durante la vejez también pueden surgir estos sen­timientos de soledad, indeseados y desagradables. La soledad es una experiencia individual y subjetiva que puede ocurrir en cualquier etapa del ciclo vital. Es común que se asocie la soledad a la vejez, ya que, de modo general, las personas mayores suelen estar más expuestas a situaciones que favorecen la disminución de sus redes de apoyo social y el aumento del aislamiento social. Con el paso de los años, son inevitables las pérdidas: de seres queridos, del trabajo, de la salud. La viudedad es una realidad frecuente en las etapas más avanzadas de la vida, afectando principalmente a las mujeres mayores. La jubilación, el deterioro de la salud y la institucionalización son otros eventos que contribuyen a un mayor aislamiento social y pueden favorecer la aparición o el aumento de los sentimientos de soledad.

Los estudios dicen que la población de personas mayores de 60 años en Salamanca ronda las 52000 personas, de las cuales 18.000 viven solas. Una parte de estas personas viven en los pueblos en los que a su vez hay una mayor escasez de servicios de todo tipo, psicosociales, de salud, infraestucturas, etc. Esto deja a las personas mayores que viven solas en una situación de precariedad importante por lo que se hace necesario dar respuesta a esta problemática desde las diferentes entidades, asociaciones e instituciones implicadas en el bienestar y la salud de las personas mayores.

Hay que dar respuesta a esta situación que no solo genera dificultades a nivel físico, mental y social a los implicados y a sus familiares, sino que repercute en todo el tejido social y comunitario a nivel psicosocial y económico al generar incapacidad y discapacidad. Tenemos que trabajar para que las personas mayores de los pueblos de Salamanca sientan que no están solas, que no se les ha abandonado a su suerte, y que pueden mejorar su calidad de vida y su autonomía.

En mi opinión son los mayores los primeros que han de ser activos a la hora de movilizar al conjunto de la población en la mejora de las condiciones de vida en las zonas rurales de la provincia de Salamanca, ya que son los que más sufren el aislamiento y olvido por parte de todos los organismos e instituciones implicados en su bienestar. Este aislamiento y olvido ha generado en dicha población una enorme indefensión, resignación e impotencia, cuestiones que actualmente están influyendo en su pasividad (“total para que, si va a ser más de lo mismo; si muy buenas palabras, pero ningún hecho”).

Son muchos los años y las experiencias vividas en las que nuestros mayores no se han sentido más que moneda de cambio para conseguir determinados objetivos que al final no repercutían en mejores condiciones de vida para ellos. Por tanto, debemos comprometernos desde los diferentes organismos y agentes sociales en su movilización, pero también en nuestro apoyo a sus reivindicaciones para una mejora de sus condiciones de vida.

Muchos son los sufrimientos y lucha contra las adversidades que nuestras generaciones de mayores han tenido que vivir y mucho, por tanto, lo que podemos aprender de ellos respecto a valores como el esfuerzo, el respeto, la compasión, la solidaridad, etc. No podemos permitirnos dejarlos de nuevo solos y aislados ante las adversidades y dificultades que la nueva sociedad demanda, porque si bien es cierto que ellos han de ser activos en la mejora de sus condiciones de vida si desde el resto de los agentes sociales no nos movilizamos en esa dirección la frustración, resignación, impotencia e indefensión de nuestros mayores se acrecentará aún más con las tristes consecuencias de que serán cada vez mayor carga (económica, social, sanitaria, etc.) para la sociedad y, lo más duro, para ellos mismos; por lo tanto, al final perdemos todos.

Lo anterior nos lleva a la importancia de que los mayores se sientan escuchados en sus inquietudes, preocupaciones, necesidades e intereses, al menos esto contribuirá a que no se sientan solos, abandonados, indefensos y resignados. Hemos de recuperar la confianza de ellos en las instituciones y los agentes sociales y viceversa trabajando codo con codo para mejorar sus condiciones de vida a todos los niveles y para ello hace falta la implicación de todos los organismos públicos y privados que están relacionados con su bienestar.

Es la despoblación de nuestros pueblos uno de los factores más influyentes en la soledad y aislamiento de nuestros mayores, no en vano debido a esta cada vez se reducen más los servicios sociales, sanitarios, económicos, etc. lo que influye en que están peor atendidos y en que no tengan esperanza en un futuro mejor.

Se está produciendo una enorme brecha y desconexión entre la zona rural de nuestra provincia y la ciudad, lo que está incidiendo en esta despoblación de la que hablamos y en el aislamiento de los pueblos de nuestra provincia. Vivimos en la era de Internet y las redes sociales, también de avances y progresos en medios de transporte, en la investigación, en sanidad, etc. y sin embargo cada vez los pueblos están más “desconectados” e “incomunicados” y si no se hace algo los pueblos desaparecerán y con ellos un enorme acervo cultural, social y de experiencias que tienen que ver con valores que no se deberían perder nunca.

Esperemos que esta carrera desenfrenada hacia ninguna parte no tenga que lamentar lo que dejo por el camino, pues precisamente lo que nos ofrecen y pueden dar los pueblos tiene mucho que ver con aquellos valores humanos más relacionados con la generosidad, la compasión, la solidaridad, la colaboración, etc. todos ellos valores que sería bueno que se “conectaran” con esas partes de la sociedad que están más interesadas en el individualismo, en el progreso desenfrenado y salvaje inconsciente de las necesidades del planeta, del clima, de los demás seres humanos…

Probablemente un mestizaje entre los valores que los pueblos mantienen y el progreso al que las ciudades se han adscrito sería una buena manera de trabajar para un futuro mejor y más igualitario para todos, tanto aquellos que desean y quieren vivir en nuestros pueblos como para aquellos que les encanta y disfrutan de estar en la ciudad.

ALGÚN DÍA TODOS (¡¡¡ OJALÁ !!!) SEREMOS MAYORES Y NECESITAREMOS LOS MEJORES SERVICIOS POSIBLES PARA VIVIR EN LAS MEJORES CONDICIONES POSIBLES.

 

José González Guerras Psicólogo y Psicoterapeuta

Director Centro Psicológico Self.